LA PUERTA DEL SOL EN LA PRIMAVERA DE LA REVOLUCION

http://diariodeoriente.mforos.com/1656823/10363055-el-imperialismo-contemporaneo/

 

Pocos placeres tan gratos, alejado un canario del mar que necesita porque es tan importante para él como su sustento diario,  encontrarse una noche tendido en una tumbona leyendo un libro al abrigo del calor de la primavera madrileña y española que este año no ha sido una mera estación climática, sino un despliegue de ingenio, imaginación y democracia real. Pidieron reflexión y obedientemente fui a la Puerta del Sol a realizarlo. El sol ya no estaba, o mejor expresado, se había retirado a cavilar también. Y, sin embargo, la plaza que lleva su nombre resplandecía más que nunca.
Leyendas, frases, aforismos, enunciados, proclamas, dibujos…Todos llenos de ese humor que tanto le falta a la izquierda de hoy en día. La indignación no está reñida con la ironía, ni la rebeldía con la parodia; al contrario, son sinónimos. Depende y cuando, reprocharán los miembros de la ortodoxia. Cuando uno cogía (hay que hablar en pasado. La guagua ya no pasa por allí desde que destruyeron la horrenda belleza que era la estación de San Benito.

Era fea desde el punto de visto arquitectónico y atroz en cuanto a su accesibilidad; sin embargo, como aquella, arruga tenía la belleza de lo longevo, de lo sencillo, de lo peculiar. Todos la echan de menos, aunque nadie lo quiera reconocer) la 014 o la 015 para “bajar al chicharro” veía en un muro de la calle Antonio González Ramos, la clásica esfinge del Che de Alberto Korda adornado con unas orejas de Mickey Mouse. Tal genial malicia sólo puede ser obra de algún ácrata sin respeto a los ídolos. Seguro que esta imagen – espero que siga ilustrando el muro – será considerada sacrílega por esos “guardianes de la ortodoxia” que creen en personas divinizadas como los conservadores creen en dioses personalizados. En el fondo, es lo mismo y revela una notoria incapacidad para abandonar lo peor de ese sentimiento humano que es la sustitución de la realidad por la mitología.

Pero volvamos a Sol. Entre tanta pancarta y alguna soflama, lo cual incomoda al escéptico natural, no obstante como no reniega de la realidad, acepta que en el impulso de la emoción se confunda la reivindicación política con la consigna de apoyo al equipo de tus amores. Todo lo que observa el curioso observador le parece que entra dentro del ABC de toda protesta callejera hasta que se topa con un lugar denominado “Biblioteca”. Sí, la gente del Movimiento 15-M ha instalado varios sitios de ocio. De ese ocio que tanto nos dignifica. Hay varios espacios para el debate, para el cultivo – en el corazón de una urbe, un huerto ecológico. ¿No me digan que no es digno de encomio –, para el esparcimiento infantil, para la petición popular y la recogida de firmas, para el visionado de películas y documentales…. En aproximadamente 12.000 m2  se concentraba un centro cultural que coloca al IFEMA o al Recinto Ferial de Tenerife como meros ventorrillos. La biblioteca es la apoteosis. Mi lema es, en lugar, de un hombre, un voto, un/a ciudadano/a, un libro. Primero lee, instrúyete, estudia, aprende…Luego, podrás votar o no, pero tu decisión será libre y humana, en el sentido, que no eres cautivo de pasiones, prejuicios y doctrinas. Mi padre me dice que en su partido si ponen de cabeza de lista a un cerdo, el militante le vota. Disciplinados que son.
Abandoné mi pasión por la fotografía para ojear que libros habían disponibles hasta que di con el que buscaba desde hace un par de años (En el Corte Inglés o en la Casa del Libro, ¡hay que ser memo!): Lecciones para el inconformista aturdido en tres horas y cuarto de la periodista, lingüista, filósofa y ensayista, Irene Lozano. Vale, debía haber solicitado el ¡Indignaos!  de Stéphane Hessel, manual imprescindible para el revolucionario del nuevo siglo. Empero, ¿qué clase de inconformista sería si siguiera la consigna aunque sea la más seráfica, progresistamente versando? Tengo el opúsculo de Hessel desde hace meses en mi ordenador y lo leeré, pero aquella ocasión no era tan fácil que se repitiese. Así que presto y dispuesto, tras la indicación del lugar de entrada de la biblioteca al aire libre (hoy pienso que la Feria del Libro que se inaugura el próximo fin de semana es triste por su protocolo y diseño), me aposento en una colchoneta cortesía de esos vecinos que, según los medios de propaganda son incordiados por esta turbamulta de licenciados, diplomados, ingenieros, graduados en FP, estudiantes de la ESO y el Bachillerato, jubilados, comerciantes, parados, emprendedores…, es decir, “lo peor del país”, ¿dónde estaban los tertulianos?… Como escribo, me ubico junto con otros lectores apasionados y me sumerjo en un libro de 200 páginas.
Cuando acabé ni siquiera era consciente que había amanecido en la plaza de la #spanishrevolution. Y es que la lectura, amena a la vez que culta, me permitió por medio de ese cerebro inquieto que es Lozano (¡apellido feliz!) encontrarme con Sófocles, Antístenes,  Condorcet, Turgot, Montaigne, Karl Marx, Virginia Woolf, Ortega y Gasset, Simone de Beauvoir, César Vallejo, Susan George o Norberto Bobbio. Y conocer a Simone Weil, Jules Benda o Tony Judt, a quienes en mi inmensa ignorancia obliteraba. Destacable fue toparme con Albert Camus, el intelectual por antonomasia del pasado siglo, porque la autora demostraba en su prosa un deseo irreprimible de intercambiar no solamente palabras, sino fluidos corporales con ansia. La noche a todos nos confunde y no sé si estaba en medio de ese encuentro erótico, siempre en lugar inoportuno o fui partícipe de ménage à trois. Soñaré que fue lo segundo…
Lecciones para el inconformista aturdido en tres horas y cuarto (Lozano I., Debate, 2009) es un libro que invita pensar y sacudir la abulia intelectual de la izquierda. La autora lo deja claro, escribe “a vuela pluma”, sin interés por adoctrinar ni dar lecciones  pese a que el título del ensayo nos lleve a error; mucho menos creerse por encima del “bien y del mal” (entonces sería González Jerez) solamente abrir nuestra mente a tres cosas básicas: la memoria, la razón y la imaginación. La memoria por recordar a largo plazo: todos (los de izquierdas se entiende) conocemos a Chávez, pero, ¿quién recuerda a Condorcet?; todos deseamos el socialismo, pero, ¿y la Ilustración? La izquierda reniega de ella por su carácter burgués, pese a que es el movimiento intelectual que le da origen; todos proclaman que en sus genes está el verdadero progresismo y, no obstante algunos, simpatizan con Hizbulá, ETA o las FARC, mientras desprecian a Nazanin Amidian, Mario Onaindía o Sergio Fajardo Valderrama. Mejor es dejarse llevar por lo que otros pensaron, dijeron y sentenciaron a la peligrosa y llena de baches senda de la crítica. Hay que tener respuestas para cualquier cosa, mientras nos preguntamos pocas cosas.
La principal debilidad del Movimiento 15-M es dejarse llevar por la demagogia de la solución fácil, por no cuestionarse algunos principios que nos han imbuido como propios de progreso siendo alto dudosos, por sustituir la biblioteca por el contenedor en llamas…En definitiva, por abandonar la razón entregándose a “lo políticamente correcto” que, hasta en lo rebelde, existe. Derogar la viciada ley electoral (en Canarias hay que hablar en plural: leyes electorales) es razonable; exigir la defensa del Estado de Bienestar, imprescindible; arrumbar con el capitalismo, difícil, pero necesario. Abogar por destruir el Estado, los partidos políticos, los sindicatos, las empresas, la universidad misma…Ni es viable, ni inteligente. Lo mejor es que, de momento, los aires oxidados del revolucionarismo zamarro no han penetrado en el movimiento. Es más son invitados, cordialmente, a no contaminarlo. Me encanta estar rodeado de un colectivo inmenso de gentes donde se resaltan eslóganes como “Violencia No” o “Esto no es no un botellón”. ¿Lenin?, ¿Quién niega su valor? Pero, no nos olvidemos de Gandhi. O si prefieren seguir con el movimiento bolchevique, lean a Máximo Gorki o Vasili Sujomlinsky.
¿Y qué decir de la imaginación? No hace falta repetir las rúbricas de “Mayo del 68”; han pasado más de cuatro décadas. Otras cosas se deben decir y proclamar en los carteles o pintar en las paredes. Me gustó también recordar en un cartel que Twitter y Facebook son negocios creados por amantes acérrimos del capitalismo que se enriquecen con cada tweet o mensaje en “el muro”. Aspirar al “software de dominio público” y “redes sociales libres” son también es básico para alcanzar la democracia en la era de la información y la comunicación. Con todo, ¿qué voy a decir? Encontrarme con esa frase que Cicerón le dijo al senador Catilina con una versión dedicada a la casta política me pareció una maravilla “Quo usque tandem abutere, politicis, patientia nostra?” (Traducción: ¿Hasta cuándo abusaran, políticos, de nuestra paciencia?).
Eran las 7 de la mañana del domingo cuando tras darme el último garbeo por la Puerta del Sol e inmortalizar las imágenes que me quedaban, regresé al piso con la sensación de haber disfrutado de una verdadera jornada de reflexión. Las urnas estaban a punto de abrir y el ritual de cada cuatro años iba a comenzar de nuevo. Me es ajeno, por ello ya me abstuve sin pedir el voto por correo. Como un sencillo indignado no quise participar de una pantomima absurda. ¡Entérese!, Soria no va a mejorar su vida como tampoco lo puede hacer Zapatero. Ellos no mandan, solamente ponen su cara – ¡menuda cara!, por cierto – para aparentar quienes son los que les ordenan. Han abdicado de sus deberes como políticos, defender nuestros derechos constitucionales, para rendirse a eso que se llama “mercados internacionales”. No sé quiénes son, pero espero algún día poder botarlos y recuperar la democracia. De momento, nos queda el poder de alumbrarnos en Sol…Gracias, Irene, por esta noche inolvidable.
Pocos placeres tan gratos, alejado un canario del mar que necesita porque es tan importante para él como su sustento diario,  encontrarse una noche tendido en una tumbona leyendo un libro al abrigo del calor de la primavera madrileña y española que este año no ha sido una mera estación climática, sino un despliegue de ingenio, imaginación y democracia real. Pidieron reflexión y obedientemente fui a la Puerta del Sol a realizarlo. El sol ya no estaba, o mejor expresado, se había retirado a cavilar también. Y, sin embargo, la plaza que lleva su nombre resplandecía más que nunca.
Leyendas, frases, aforismos, enunciados, proclamas, dibujos…Todos llenos de ese humor que tanto le falta a la izquierda de hoy en día. La indignación no está reñida con la ironía, ni la rebeldía con la parodia; al contrario, son sinónimos. Depende y cuando, reprocharán los miembros de la ortodoxia. Cuando uno cogía (hay que hablar en pasado. La guagua ya no pasa por allí desde que destruyeron la horrenda belleza que era la estación de San Benito.

Era fea desde el punto de visto arquitectónico y atroz en cuanto a su accesibilidad; sin embargo, como aquella, arruga tenía la belleza de lo longevo, de lo sencillo, de lo peculiar. Todos la echan de menos, aunque nadie lo quiera reconocer) la 014 o la 015 para “bajar al chicharro” veía en un muro de la calle Antonio González Ramos, la clásica esfinge del Che de Alberto Korda adornado con unas orejas de Mickey Mouse. Tal genial malicia sólo puede ser obra de algún ácrata sin respeto a los ídolos. Seguro que esta imagen – espero que siga ilustrando el muro – será considerada sacrílega por esos “guardianes de la ortodoxia” que creen en personas divinizadas como los conservadores creen en dioses personalizados. En el fondo, es lo mismo y revela una notoria incapacidad para abandonar lo peor de ese sentimiento humano que es la sustitución de la realidad por la mitología.

Pero volvamos a Sol. Entre tanta pancarta y alguna soflama, lo cual incomoda al escéptico natural, no obstante como no reniega de la realidad, acepta que en el impulso de la emoción se confunda la reivindicación política con la consigna de apoyo al equipo de tus amores. Todo lo que observa el curioso observador le parece que entra dentro del ABC de toda protesta callejera hasta que se topa con un lugar denominado “Biblioteca”. Sí, la gente del Movimiento 15-M ha instalado varios sitios de ocio. De ese ocio que tanto nos dignifica. Hay varios espacios para el debate, para el cultivo – en el corazón de una urbe, un huerto ecológico. ¿No me digan que no es digno de encomio –, para el esparcimiento infantil, para la petición popular y la recogida de firmas, para el visionado de películas y documentales…. En aproximadamente 12.000 m2  se concentraba un centro cultural que coloca al IFEMA o al Recinto Ferial de Tenerife como meros ventorrillos. La biblioteca es la apoteosis. Mi lema es, en lugar, de un hombre, un voto, un/a ciudadano/a, un libro. Primero lee, instrúyete, estudia, aprende…Luego, podrás votar o no, pero tu decisión será libre y humana, en el sentido, que no eres cautivo de pasiones, prejuicios y doctrinas. Mi padre me dice que en su partido si ponen de cabeza de lista a un cerdo, el militante le vota. Disciplinados que son.
Abandoné mi pasión por la fotografía para ojear que libros habían disponibles hasta que di con el que buscaba desde hace un par de años (En el Corte Inglés o en la Casa del Libro, ¡hay que ser memo!): Lecciones para el inconformista aturdido en tres horas y cuarto de la periodista, lingüista, filósofa y ensayista, Irene Lozano. Vale, debía haber solicitado el ¡Indignaos!  de Stéphane Hessel, manual imprescindible para el revolucionario del nuevo siglo. Empero, ¿qué clase de inconformista sería si siguiera la consigna aunque sea la más seráfica, progresistamente versando? Tengo el opúsculo de Hessel desde hace meses en mi ordenador y lo leeré, pero aquella ocasión no era tan fácil que se repitiese. Así que presto y dispuesto, tras la indicación del lugar de entrada de la biblioteca al aire libre (hoy pienso que la Feria del Libro que se inaugura el próximo fin de semana es triste por su protocolo y diseño), me aposento en una colchoneta cortesía de esos vecinos que, según los medios de propaganda son incordiados por esta turbamulta de licenciados, diplomados, ingenieros, graduados en FP, estudiantes de la ESO y el Bachillerato, jubilados, comerciantes, parados, emprendedores…, es decir, “lo peor del país”, ¿dónde estaban los tertulianos?… Como escribo, me ubico junto con otros lectores apasionados y me sumerjo en un libro de 200 páginas.
Cuando acabé ni siquiera era consciente que había amanecido en la plaza de la #spanishrevolution. Y es que la lectura, amena a la vez que culta, me permitió por medio de ese cerebro inquieto que es Lozano (¡apellido feliz!) encontrarme con Sófocles, Antístenes,  Condorcet, Turgot, Montaigne, Karl Marx, Virginia Woolf, Ortega y Gasset, Simone de Beauvoir, César Vallejo, Susan George o Norberto Bobbio. Y conocer a Simone Weil, Jules Benda o Tony Judt, a quienes en mi inmensa ignorancia obliteraba. Destacable fue toparme con Albert Camus, el intelectual por antonomasia del pasado siglo, porque la autora demostraba en su prosa un deseo irreprimible de intercambiar no solamente palabras, sino fluidos corporales con ansia. La noche a todos nos confunde y no sé si estaba en medio de ese encuentro erótico, siempre en lugar inoportuno o fui partícipe de ménage à trois. Soñaré que fue lo segundo…
Lecciones para el inconformista aturdido en tres horas y cuarto (Lozano I., Debate, 2009) es un libro que invita pensar y sacudir la abulia intelectual de la izquierda. La autora lo deja claro, escribe “a vuela pluma”, sin interés por adoctrinar ni dar lecciones  pese a que el título del ensayo nos lleve a error; mucho menos creerse por encima del “bien y del mal” (entonces sería González Jerez) solamente abrir nuestra mente a tres cosas básicas: la memoria, la razón y la imaginación. La memoria por recordar a largo plazo: todos (los de izquierdas se entiende) conocemos a Chávez, pero, ¿quién recuerda a Condorcet?; todos deseamos el socialismo, pero, ¿y la Ilustración? La izquierda reniega de ella por su carácter burgués, pese a que es el movimiento intelectual que le da origen; todos proclaman que en sus genes está el verdadero progresismo y, no obstante algunos, simpatizan con Hizbulá, ETA o las FARC, mientras desprecian a Nazanin Amidian, Mario Onaindía o Sergio Fajardo Valderrama. Mejor es dejarse llevar por lo que otros pensaron, dijeron y sentenciaron a la peligrosa y llena de baches senda de la crítica. Hay que tener respuestas para cualquier cosa, mientras nos preguntamos pocas cosas.
La principal debilidad del Movimiento 15-M es dejarse llevar por la demagogia de la solución fácil, por no cuestionarse algunos principios que nos han imbuido como propios de progreso siendo alto dudosos, por sustituir la biblioteca por el contenedor en llamas…En definitiva, por abandonar la razón entregándose a “lo políticamente correcto” que, hasta en lo rebelde, existe. Derogar la viciada ley electoral (en Canarias hay que hablar en plural: leyes electorales) es razonable; exigir la defensa del Estado de Bienestar, imprescindible; arrumbar con el capitalismo, difícil, pero necesario. Abogar por destruir el Estado, los partidos políticos, los sindicatos, las empresas, la universidad misma…Ni es viable, ni inteligente. Lo mejor es que, de momento, los aires oxidados del revolucionarismo zamarro no han penetrado en el movimiento. Es más son invitados, cordialmente, a no contaminarlo. Me encanta estar rodeado de un colectivo inmenso de gentes donde se resaltan eslóganes como “Violencia No” o “Esto no es no un botellón”. ¿Lenin?, ¿Quién niega su valor? Pero, no nos olvidemos de Gandhi. O si prefieren seguir con el movimiento bolchevique, lean a Máximo Gorki o Vasili Sujomlinsky.
¿Y qué decir de la imaginación? No hace falta repetir las rúbricas de “Mayo del 68”; han pasado más de cuatro décadas. Otras cosas se deben decir y proclamar en los carteles o pintar en las paredes. Me gustó también recordar en un cartel que Twitter y Facebook son negocios creados por amantes acérrimos del capitalismo que se enriquecen con cada tweet o mensaje en “el muro”. Aspirar al “software de dominio público” y “redes sociales libres” son también es básico para alcanzar la democracia en la era de la información y la comunicación. Con todo, ¿qué voy a decir? Encontrarme con esa frase que Cicerón le dijo al senador Catilina con una versión dedicada a la casta política me pareció una maravilla “Quo usque tandem abutere, politicis, patientia nostra?” (Traducción: ¿Hasta cuándo abusaran, políticos, de nuestra paciencia?).
Eran las 7 de la mañana del domingo cuando tras darme el último garbeo por la Puerta del Sol e inmortalizar las imágenes que me quedaban, regresé al piso con la sensación de haber disfrutado de una verdadera jornada de reflexión. Las urnas estaban a punto de abrir y el ritual de cada cuatro años iba a comenzar de nuevo. Me es ajeno, por ello ya me abstuve sin pedir el voto por correo. Como un sencillo indignado no quise participar de una pantomima absurda. ¡Entérese!, Soria no va a mejorar su vida como tampoco lo puede hacer Zapatero. Ellos no mandan, solamente ponen su cara – ¡menuda cara!, por cierto – para aparentar quienes son los que les ordenan. Han abdicado de sus deberes como políticos, defender nuestros derechos constitucionales, para rendirse a eso que se llama “mercados internacionales”. No sé quiénes son, pero espero algún día poder botarlos y recuperar la democracia. De momento, nos queda el poder de alumbrarnos en Sol…Gracias, Irene, por esta noche inolvidable.

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