“escándalo de cablegate”

http://diariodeoriente.mforos.com/1660143/10573839-telesur-y-al-jazeera-preocupa-a-ee-uu/

Si los cables diplomáticos del pasado pueden servir de indicación, la Casa Blanca de Obama puede estar interesada en perpetuar la actual guerra propagandística de EE.UU. en Latinoamérica. Según correspondencia clasificada recientemente revelada por WikiLeaks, Washington ve a Venezuela como una potencia advenediza cuya campaña de relaciones públicas puede interferir con importantes esfuerzos de comunicación de EE.UU.
No es ningún secreto que el gobierno de Bush era paranoico respecto a la cobertura mediática que criticaba su política exterior; sin embargo a medida que van saliendo cables a la luz, es sorprendente ver cuán lejos estaba dispuesto a ir el Departamento de Estado al equiparar medios de Medio Oriente con medios noticiosos suramericanos recientemente formados.
Lo que parece haber preocupado más a los diplomáticos estadounidenses fue la posibilidad de que Al Jazeera, cuya cobertura de la Guerra de Irak había crispado los nervios del gobierno de Bush, pudiera colaborar con Venezuela, así como con otras naciones suramericanas. Poco popular dentro de la elite de Washington, Al Jazeera transmitió fotografías explícitas de soldados estadounidenses muertos y capturados durante la Guerra de Iraq.
Cuando la red transmitió las secuencias, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld acusó a Al Jazeera de violar las convenciones de Ginebra. Entonces, en una incursión aérea y andanadas de artillería contra Bagdad, el 8 de abril de 2003, las fuerzas estadounidenses mataron por lo menos a tres periodistas, incluido un corresponsal de Al Jazeera. Según un informe, nada menos que el presidente Bush incluso pudo sugerir, en una reunión con el primer ministro británico Tony Blair, que se bombardearan las oficinas de Al Jazeera en Qatar.
A la luz de una historia semejante, no es demasiado sorprendente que los diplomáticos se hayan alarmado ante cualquier crecimiento de medios internacionales más independientes y críticos. En una columna anterior en Al Jazeera, detallé parte de la preocupación de EE.UU. ante los medios de tendencia izquierdista en Sudamérica, pero nuevos cables colocan la obsesión de Washington con un mayor escrutinio sobre el asunto.
Refundiendo Al Jazeera y Telesur
En 2005, los funcionarios estadounidenses aceleraron sus esfuerzos de monitoreo de los medios y escribieron a Washington que Hugo Chávez estaba “presionando vigorosamente” a favor de la creación de una nueva red noticiosa suramericana llamada Telesur. Los diplomáticos estadounidenses estaban preocupados por eventos semejantes y comentaron que, si Telesur llegaba a ser un éxito, podría “promover las ambiciones de Chávez de liderazgo continental” e incluso –horror de horrores– llevar a un “desarrollo cultural endógeno (no-estadounidense)”.
En un disparo de advertencia que amenazó con debilitar a medios basados en EE.UU. como CNN, el ministro de Información de Chávez, Andrés Izarra anunció que Al Jazeera abriría una oficina en Caracas. Este hecho parece haber alarmado a la embajada de EE.UU., que al parecer estaba preocupada de que la red de Medio Oriente podría colaborar con Telesur en el futuro.
En una acción de capa y espada, el embajador de EE.UU. William Brownfield narró que una “periodista” anónima representante de Al Jazeera había “asistido a numerosas conferencias de prensa del gobierno de Venezuela”. Por si no fuera suficiente motivo de preocupación, Brownfield agregó que la periodista en cuestión también había participado en programas de entrevistas transmitidos por Venezolana de Televisión, una estación de televisión de propiedad estatal.
Mientras investigaba para mi segundo libro, tuve la oportunidad de entrevistar personalmente al director de Telesur, Aram Aharonian, y le pregunté si estaba preocupado porque el gobierno de Bush podría reaccionar de modo negativo ante cualquier cooperación entre Al Jazeera y Telesur. Aharonian descartó cualquier preocupación semejante, señalando que “Mire, colaboramos con Al Jazeera tal como lo hacemos con la Voice of America. Una delegación de Voice of America vino a nuestras oficinas el mes pasado, y llegamos a un acuerdo para intercambiar noticias e imágenes.”
Para Brownfield y los diplomáticos estadounidenses, sin embargo, Al Jazeera y Telesur parecen haber representado un frente hostil común. Por cierto, en su comunicación a Washington, Brownfield incluso refundió a las dos, señalando en un punto que Telesur podría representar “el nacimiento de al-Chavezeera” o “la propia CNN de Chávez”. Lo que es más, Al Jazeera podría suministrar a Telesur secuencias cinematográficas “provocadoras” de Medio Oriente, que entonces podrían doblarse al castellano. Poco después, los temores del gobierno de Bush surgieron cuando Telesur comenzó a transmitir en serio. Además, un año después del envío del cable de Brownfield al Departamento de Estado,Telesur anuncio un acuerdo oficial de compartición de información con Al Jazeera. En Washington Connie Mack, una congresista republicana de derecha de Florida, señaló que la decisión tenía el propósito de crear una “red global de televisión para los terroristas”.
Preocupación por la conexión cubana
Durante años, Washington ha librado una guerra de propaganda contra Castro mediante emisoras como Radio Martí, y por ello no es sorprendente que el espectro de la colaboración mediática cubana-venezolana sea muy importante en el cable de Brownfield. Aunque el embajador de EE.UU. señaló que Telesur parecía tener “piernas débiles” por el momento, el diplomático se preocupaba de que el canal propagaría ideas pro venezolanas e incluso pro cubanas.
Durante mi propia entrevista con Aharonian, pregunté al director de Telesur si pensaba que el canal contribuiría a acabar con el aislamiento de Cuba. “Los cubanos” señaló, han tenido “una mentalidad de bloqueo, es decir que todo lo que viene de afuera es malo, es necesario que nos defendamos, etc. EE.UU. ha estado tratando de transmitir sus medios a Cuba durante cuarenta años, y lo ha hecho mal, Radio Martí, por ejemplo”.
“Nosotros tenemos un enfoque diferente”, agregó Aharonian. “Vemos nuestra presencia en Cuba como una oportunidad de informar más al pueblo cubano sobre lo que sucede en Latinoamérica y en el mundo. Ahora tenemos tres horas a la mejor hora en la televisión cubana. En cierto sentido, tenemos monopolizado el mercado ya que no hay muchas oportunidades de cambiar canales. Para nosotros es un arreglo beneficioso, y también para Cuba.”
Es probable que la posibilidad de más intercambio cultural entre Cuba y Venezuela haya sido exactamente lo que molestó a los funcionarios estadounidenses. Según Brownfield, Aharonian es un exiliado uruguayo radical que originalmente llegó a Caracas en los años ochenta para abrir una oficina de la agencia noticiosa cubana Prensa Latina. Al buscar en Caracas más información sobre Aharonian, la embajada encontró a un corresponsal extranjero anónimo que con placer calumnió la reputación de otro colega para favorecer a los servicios de inteligencia de EE.UU. Según el periodista, Aharonian tenía vínculos “formales o informales” con espías cubanos.
Evaluando la trayectoria de Telesur
Ansioso de disipar la noción de que Telesur estuviera vinculado a algún tipo de agenda política específica, Aharonian me dijo que el nuevo canal no serviría de vocero a ningún gobierno en particular, venezolano u otro. “No pienso que haya alguna campaña contra Bush o algo parecido”, señaló, agregando que Telesur tampoco estaba a favor del gobierno de Bush. “Es algo diferente. Damos opiniones de ambos lados, lo que es diferente de los medios estadounidenses donde solo se tiene un lado. La idea es suministrar más información alternativa. En Miami, al contrario, existe una mentalidad de que debemos alentar los medios ‘anticubanos’, pero nosotros en Telesur estamos presentando un espacio público equilibrado. No podemos estar contra nadie.”
En otro momento de la entrevista, Aharonian declaró que yo “partía de una premisa errónea” al creer que Telesur estaba “contra EE.UU.” Aunque el canal ha criticado a Washington, dijo Aharonian, Telesur también suministra cobertura independiente de muchos países latinoamericanos. Cuando atraje la atención de Aharonian a una foto en la pared que lo muestra de pie al lado de Chávez, el exiliado uruguayo dijo que el presidente venezolano nunca lo llama y que las autoridades no se involucran en los asuntos de la estación o en su política interna.
A pesar de posiciones tan matizadas, parece por los cables de WikiLeaks que la embajada de EE.UU. no estaba convencida de semejantes aseveraciones. La inclinación ideológica de Telesur es evidente, señalaban los diplomáticos: “izquierdista, antiestadounidense, y pro Chávez”.
La ‘diplomacia del dólar’ de Chávez
Al parecer la embajada de EE.UU. consideró apropiado monitorear las finanzas del canal. Aharonian, señaló un diplomático, “es un personaje notoriamente escurridizo y puede no haber dicho toda la verdad cuando dijo que su presupuesto era de 10 millones de dólares”. En otros cables, funcionarios de EE.UU. trataron de calcular cuánto gastaba Chávez en general en propaganda, señalando que Caracas había firmado un contrato por 1,2 millones de dólares con la firma de cabildeo Patton Boggs para ayudar a mejorar la imagen de Venezuela en EE.UU.
Los diplomáticos estadounidenses se preocuparon aún más cuando Chávez comenzó a gastar profusamente en ayuda al extranjero. En 2006, notaron que Venezuela estaba comenzando a “ganar amigos e influencias en países de la región y más allá”. En un informe detallado, los estadounidenses catalogaron la larga lista de proyectos en el extranjero de Chávez, incluyendo montos proyectados en dólares para una iniciativa de construcción en Cuba, un préstamo para infraestructura a la República Dominicana, e incluso ayuda financiera para construir un aeropuerto en la pequeña isla caribeña de Dominica.
Pero los estadounidenses no se detuvieron ahí y se concentraron en todos y cada uno de los proyectos que podían reforzar la imagen de Venezuela, incluso el financiamiento por parte de Chávez de una escuela de samba en Brasil, así como becas a bolivianos pobres, un préstamo para un hospital en Uruguay, ayuda alimentaria a la empobrecida nación africana de Mauritania, y ayuda humanitaria a Mali, Níger y Burkina Faso. Brownfield se preocupó personalmente de que Chávez podría desviar parte del Fondo Nacional de Desarrollo de Venezuela para apoyar iniciativas diplomáticas sin un escrutinio o supervisión pública efectiva.
Interés de diplomáticos estadounidenses en estudios mediáticos
Al leer los cables diplomáticos de la embajada de EE.UU. en Caracas, se podría pensar que sus representantes se habían convertido en estudiantes de posgrado que realizaban estudios avanzados en Estudios Mediáticos. Como testimonio de la creciente importancia de Venezuela en el radar político, los funcionarios estadounidenses mostraron un grado sorprendente de interés en todo, desde la televisión a la publicidad, documentales, medios electrónicos e incluso a carteleras y murales revolucionarios.
La embajada de EE.UU. se sintió particularmente molesta por la estatal Venezolana de Televisión, que mostró un videoclip de multitudes haciendo fila para comprar bidones de combustible líquido durante un lockout dirigido por la oposición. Una voz comentó: “La oposición desató el terrorismo contra el pueblo venezolano y llevó al hambre y el desempleo. Gracias a la nueva PDVSA (compañía petrolera estatal), PDVSA es para todos nosotros, todos nosotros somos PDVSA.”
Aparte de Venezolana de Televisión, el tabloide pro gubernamental VEA “atacaba al Tío Sam” y solía “lanzar dardos” al embajador de EE.UU. “mediante el uso de caricaturas insultantes o fotos alteradas”. Además, tanto Venezolana de Televisión como VEA presentaban anuncios “suaves y amistosos” mostrando a una mujer “que gracias a un micro-crédito del gobierno de Venezuela ha establecido un exitoso negocio de tejeduría”.
Documentales, ciberespacio y murales populares
Preocupados aparentemente de que las mujeres pobres que recibían dinero para establecer tejedurías pudieran un día volverse contra EE.UU., los diplomáticos no dejaron piedra sin mover en su amplio análisis de los medios, incluyendo las cintas documentales. Por haber participado en paneles de discusión después de la proyección de La Revolución no será televisada, una cinta que trata del golpe de 2002 dirigido contra al gobierno de Chávez, me intrigó especialmente la alarma de los funcionarios estadounidenses ante ese documental.
En un cable, la embajada señaló desilusionada que la cinta había estado compitiendo con proyecciones importantes realizadas “en varias prestigiosas universidades estadounidenses, incluidas Harvard, Stanford, y el sistema de la Universidad de California, y más recientemente en el Lincoln Centre en Nueva York”. Por desgracia, señalaron los diplomáticos estadounidenses, los medios dominantes no habían pensado que valía la pena cuestionar “la veracidad del documental” y por lo tanto el documental favorable a Chávez había comenzado a atraer un público.
La embajada de EE.UU. también se preocupó por Internet. “El gobierno de Venezuela” señaló un cable, “utiliza liberalmente el ciberespacio para propagar su guerra contra la oligarquía, el neoliberalismo, el gobierno de EE.UU., y la propuesta Área de Libre Comercio de las Américas”. Personalmente me desconcertó que los diplomáticos hayan estado preocupados por semejantes sitios web pro Chávez como venezuelanalysis.com y vheadline.com, para las cuales he escrito de vez en cuando.
Durante un viaje a Caracas en 2006, me desconcertaron algunos incendiarios murales pro Chávez en Caracas, y al parecer lo mismo le pasó a la embajada de EE.UU. [para ver un par de fotos que tomé durante mi estadía, haga clic aquí]. Al escribir a Washington, los diplomáticos tomaron nota de una cartelera que llevaba la consigna “Venezuela nos pertenece ahora a todos”. Otra tenía fotos de Chávez abrazando a una anciana, escuchando a una niña llevando una boina roja y riéndose junto a un miembro de una de las tribus indígenas de Venezuela.
El monitoreo de la imaginería popular continuó en la era de Obama, y la embajada de EE.UU. envió un cable a Washington a finales de 2009 en relación con un mural que atacaba al sucesor de Bush en Washington en el centro de Caracas, que dice: “Un mural pintado de alta calidad, exhibido de manera destacada, que denigra al presidente Obama se muestra actualmente al público”. El mural en cuestión mostraba la cara de Obama dividida en dos partes: “una mitad máquina y la otra humana”. Al lado izquierdo, un título decía: “Juguete del Imperio. Fácil de usar, totalmente manipulable”, mientras a la derecha otro decía: “Falso Premio Nobel, 68.000 soldados yanquis en Medio Oriente. 680.000 millones de dólares para la guerra”-
La embajada de EE.UU. envió fotos del mural a Washington como archivo adjunto, señalando que la obra de arte pública “parece haber sido producida profesionalmente”. Los diplomáticos agregaron que presentarían una carta formal de protesta al alcalde local y solicitarían que se retirase el mural.
Monitoreando a todos, desde celebridades a estudiantes
Los esfuerzos de monitoreo de propaganda de la embajada no se limitaban al arte público y al ciberespacio. En 2004, por ejemplo, los estadounidenses se preocuparon de celebridades estadounidenses que habían mostrado simpatías por Venezuela y Hugo Chávez, incluidos el actor Danny Glover e incluso el promotor de boxeo Don King. Peor todavía, Venezuela había expandido su red de los denominados “Círculos Bolivarianos” en EE.UU., incluyendo Florida, Nueva York, Washington DC, Oregón, Texas, Oklahoma, y California, y los simpatizantes habían organizado mítines pro Chávez en sitios públicos como Times Square.
La noción de que izquierdistas estadounidenses y venezolanos puedan hacer causa común no complacía al parecer a la embajada de EE.UU. Diplomáticos estadounidenses relataron que el director del Círculo Bolivariano de Miami, Álvaro Sánchez, estaba tratando de reclutar estudiantes universitarios estadounidenses para que trabajaran en el programa de salud Barrio Adentro de Chávez. La embajada estaba tan interesada en Sánchez que pensó que era apropiado transmitir la dirección personal de correo electrónico del activista, y agregó que el nativo de Miami había buscado a estudiantes voluntarios para enseñar inglés en los barrios pobres de Venezuela.
En 2006, tuve la oportunidad de hablar a miembros del innovador Banco de la Mujer de Venezuela, y en mi segundo libro discutí la interesante historia de la directora de la entidad, Nora Castañeda. Según la correspondencia diplomática parece que no fui el único que mostró interés en la novedosa institución: Funcionarios de EE.UU. señalaron que el banco había enviado a mujeres a EE.UU. “para hablar de las glorias de la Revolución Bolivariana y para arremeter contra las dañinas políticas neoliberales del gobierno de EE.UU. que se dirigen esclavizar a las poblaciones de los países en desarrollo”.
Contraofensiva propagandística de EE.UU.
Chávez también logró denunciar de otras maneras a EE.UU. en Latinoamérica, por ejemplo, mediante la promoción de conferencias internacionales en Venezuela. Mediante un hábil y sagaz uso de los denominados Congresos del Pueblo Bolivariano, Chávez logró “extender su ideología e influencia”. Los diplomáticos sospechaban que los congresos eran un medio para que Chávez realizara ayuda directa a otras naciones empobrecidas de Latinoamérica.
Al parecer, la embajada estaba tan preocupada por el creciente perfil de Chávez en semejantes actividades que consideró apropiado enviar los nombres individuales de representantes indígenas de Ecuador que asistieron al Congreso Bolivariano de diciembre de 2004. “Mientras el sentimiento antiimperialista, es decir antiestadounidense, es a menudo un atractivo para muchos dirigentes indígenas”, señalaron los diplomáticos, “Chávez también capitaliza en las tensiones raciales o étnicas. En países como Perú, Bolivia y Ecuador utiliza esas tensiones para alentar protestas masivas y manifestaciones y para debilitar a gobiernos tambaleantes o debilitar a otros desde el flanco izquierdo.”
En 2006, EE.UU. vio claramente la necesidad de medidas mayores para contrarrestar la ofensiva propagandística de Chávez. En un cable a Washington, el embajador Brownfield apoyó la oleada marítima de “cooperación de las Américas” planificada por el Comando Sur de EE.UU. hacia el Caribe, que encabezaría el portaaviones USS George Washington. Siempre maquiavélico, Brownfield vio un gran valor de relaciones públicas en la demostración de fuerza naval. El gobierno declaró específicamente: “el despliegue nos ayudará a contrarrestar el idilio de Chávez con los países caribeños y sus intentos de enfrentarlos con EE.UU.”
Brownfield creía que, al proveer beneficios directos a la gente del lugar, el USS George Washington sería un “agudo contraste” con el supuesto fracaso de Chávez en el combate contra el narcotráfico y promovería el desarrollo económico en la región del Caribe. Brownfield quería presentar el despliegue del grupo de portaaviones como “ayuda militar y humanitaria de rutina de EE.UU. a la región” llevando a beneficios económicos a la gente local en diversos puertos de escala.
Como el mismo diplomático artificioso de siempre, Brownfield esperaba que Chávez “mordiera la carnada”, deploraría a EE.UU. como imperialista, y por ello aparecería “tonto en el mejor de los casos y clínicamente paranoico en el peor”. Uno de los diplomáticos más intrigantes que han emergido de los cables de WikiLeaks, Brownfield, esperaba que Chávez “se alienaría si sugería públicamente que los participantes colaboraban con las supuestas maquinaciones de los militares de EE.UU. contra él”. El embajador agregó: “es una situación en la que no podemos perder”.
Preocupación por la expansión en Sudamérica de Telesur
En 2007, un año después de que Brownfield envió su cable a Washington sobre el despliegue naval de EE.UU., los diplomáticos estadounidenses admitieron francamente que se encontraban en una guerra propagandística total con Venezuela. En correspondencia revelada por el periódico argentino Página 12, los diplomáticos estadounidenses hablaron sobre la necesidad de contrarrestar las iniciativas mediáticas lanzadas por Chávez, incluido Telesur, un medio que servía como la “principal fuente para transmitir propaganda contra EE.UU.”, emitiendo documentales “particularmente hábiles” sobre la interferencia de la CIA en Latinoamérica.
Según los cables de WikiLeaks, los estadounidenses monitorearon al director de Telesur, Aharonian, no solo en Venezuela sino en otros países más lejanos. Cuando Aharonian viajó a Chile para promover Telesur, los diplomáticos de EE.UU. se preocuparon del caso, señalando que el radical uruguayo se había reunido con funcionarios locales del gobierno. Los estadounidenses incluso tomaron nota del discurso de Aharonian en la reunión del Colegio de Periodistas de Viña del Mar, señalando que “la presentación incluyó un discurso de 15 minutos seguida de una cinta de promoción de 15 minutos”. La embajada de EE.UU. en Santiago estaba aparentemente preocupada de que Telesur pudiera formar una cooperación con el principal operador de televisión por cable de Chile (VTR), y los diplomáticos hablaron posteriormente con representantes de la estación local en un esfuerzo por establecer la factibilidad de algún acuerdo.
Revisando los numerosos cables que trataban de todo, de Telesur a Aharonian, a las obras de arte público incendiario, a Congresos Bolivarianos, es desalentador notar la actitud condescendiente, arrogante y categóricamente cínica de los diplomáticos de EE.UU. enviados a Venezuela y por cierto por toda Latinoamérica.
Sin embargo, con base en las revelaciones de WikiLeaks del año pasado y del “escándalo de cablegate”, se podría concluir que el establishment público y mediático solo tomará nota de la información desclasificada si está vinculada a ilegalidades flagrantes. Tal vez tendremos que esperar, por lo tanto, hasta que un filtrador de la CIA o de otras agencias de inteligencia de alto nivel revele más hechos insidiosos antes que podamos lograr un debate generalizado sobre el curso de la política exterior de EE.UU.
Es una lástima, no obstante. Aunque “cablegate” no ha revelado escándalos al mismo nivel que, digamos, el affaire Irán-Contra o guerras encubiertas en Centroamérica, los cables muestran al Departamento de Estado como una agencia profundamente tosca e inquietante. Tal vez la pregunta constante sea, por lo tanto, si el público estadounidense cree que dedicar considerables recursos diplomáticos a monitorear los medios latinoamericanos y a contrarrestar las iniciativas propagandísticas de Chávez es constructivo e incluso ético.
Por desgracia, por el momento los estadounidenses parecen pasivos y lo aceptan todo como asuntos normales y corrientes. Tal vez a largo plazo, sin embargo, comiencen a pedir la reforma del Departamento de Estado y una reestructuración exhaustiva de la política extranjera de EE.UU., para reflejar una relación más conciliadora y armoniosa con Latinoamérica, en lugar de la actitud condescendiente y sardónica de diplomáticos como el embajador Brownfield.

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